Te conozco desde siempre, bienamado, Desde la edad primaria del viento. De tus manos espero el sol de cereal, Por tus ojos los hijos asomados me nombran Y me llaman.
Eres un armario pleno, Un temporal de dicha, Piedra y sudor tranquilamente reunidos, Ay, amor.
Renuévame cada mañana Como a las flores, no olvides Que yo amo viviendo todas las construcciones Que emanen de tu trabajo, ay, amor.
Si te fallo o me abren, Algún año en algún tiempo, Si me muero encontrarán debajo de mi carne Otra carne, hay otro cuerpo modelado.
Ay, si fueses tuyo en tus manos*.
*versión de congreso de 1975: “ay, si fueses tú cirujano”
Compositor: Verónica Döer - Renato Vivaldi - Fernando González