Aunque su mujer parece encantadora el Señor Durand no está satisfecho. ¡Caramba! -piensa su mucamita- el señor es muy mujeriego. Él le murmura: "¿Sabe, muñeca? acá, entre nosotros, usted está muy buena, y su personita, seguro estoy, al natural debe estar mejor". ¡Ay, señor! -dice la mucamita- lo que usted dice no es novedad, porque lo mismo, cuando me vieron, todos sus amigos me lo dijeron.
Ella fue fiel a la cita, aunque con cierto recelo, y Durand, cada vez más embalado, con su corazón ya muy inflamado al verla sacarse la camisa y ruborizarse como una niña le dijo con voz inquieta: "En mi vida vi mejores..." ¡Ay, señor! -dice la mucamita- lo que usted dice no es novedad, porque lo mismo, cuando me vieron, todos sus amigos me lo dijeron.