De retorno a casa, la luna solloza, mi sombra se arrastra por muros sin sol, y yo, tambaleando con la noche a cuestas, avanzo colgando de árbol en farol.
La luna ilumina los caminos rotos con luz peregrina y resplandor audaz, y mi sombra sigue por la otra vereda para prevenirme que yo estoy de más.
A veces me paro bajo el alumbrado para echarme un sorbo lleno de sabor. La luna me estira su lengua dorada pero no mi sombra que atrapĂł un dolor.